jueves, 17 de junio de 2021

Cuando se quiera tener un perro como mascota.

 A TENER EN CUENTA ANTES DE DECIDIRSE POR UN PERRO :

Soy un Pastor Belga Malinois:
Superdotado entre los perros, brillo en todas las disciplinas y siempre estoy listo para trabajar. Hoy me piden que me relaje en el sofá todo el día.



Soy un APBT (american Pit Bull terrier) :
Mis antepasados ( y aun en la actualidad) han sido seleccionados para pelear con otros perros. Hoy me piden que sea tolerante con mis congéneres, y me culpan por mi predisposición a la lucha cuando uno de ellos se acerca a mí.
Soy un Beagle:
Cuando seguía a mi presa, daba voz para que los cazadores pudieran seguirme. Yo lideraba el baile.
Hoy me ponen un collar eléctrico para callarme, y quieren que vuelva a la llamada en un chasquido de dedos.
Soy un Yorkshire Terrier:
Yo era un cazador de ratas, temible en las minas inglesas. Hoy piensan que no puedo usar mis patas y siempre me mantienen en brazos.
Soy un Labrador Retriever:
Mi visión de la felicidad es un chapuzón en un estanque para traer a mi amo el pato que acaba de disparar. Hoy olvidamos que soy un perro deportivo, soy gordo y tengo que ser niñera de los niños.
Soy un Jack Russell Terrier:
Soy capaz de enfrentarme a un zorro más grande que yo en su propia madriguera. Hoy me culpan por mi maldito carácter y me quieren convertir en un perro faldero.
Soy un Husky Siberiano:
Conocí los grandes espacios del norte de Rusia, donde podía arrastrar trineos a una velocidad impresionante. Hoy solo tengo de horizonte las paredes del jardín, y como única ocupación los agujeros que cavo en el suelo.
Soy un Border Collie:
Estoy hecho para trabajar ocho horas al día, y soy un artista incomparable del trabajo de rebaño. Hoy me culpan porque a falta de oveja, trato de controlar bicicletas, coches, niños de casa, y todo lo que está en movimiento.
Yo soy...
Soy un perro del siglo XIX
Soy guapo, estoy alerta, soy obediente, aguanto estar en un bolso... pero también soy un individuo que necesita expresar sus instintos, y no soy adecuado para la vida sedentaria que deseas hacerme llevar.
Pasar ocho horas al día solo en el patio, verte un poco por la noche cuando vuelvas y tener derecho a cualquier actividad sólo a un pequeño paseo al baño, me hará profundamente infeliz.
Lo expresaré ladrando todo el día, convirtiendo tu jardín en un campo minado, haciendo mis necesidades por dentro, siendo inmanejable las pocas veces que me encontraré por fuera, y, a veces, pasando mis días en mi cojín, entonces pensarás que estoy feliz de poder disfrutar de toda esta comodidad mientras te vas a trabajar: en realidad estaré en plena depresión, porque no es nuestra preferencia, sino la del humano del siglo XXI.
Si te gusto, si sueñas conmigo desde siempre, si mis hermosos ojos azules o mi look de atleta te hacen querer poseerme, pero no me puedes regalar una vida real de perro plena, una vida que realmente vale la pena ser vivida, y si no me puedes ofrecer el trabajo que reclaman mis genes... entonces renuncia a mí.
Si te gusta mi ritmo pero no estás listo para aceptar mis rasgos de carácter de una rigurosa selección genética, y crees que puedes cambiarlos con tu única buena voluntad... entonces renuncia a mí.
Soy un perro del siglo XXI, sí. Pero, ahí en el fondo, todavía duerme el que luchaba, el que cazaba, el que tiraba trineos, el que guiaba a un rebaño. Y tarde o temprano, se despertará. Para bien o para mal.
Fuente texto: facebok
Fuente imagen: wikipedia

domingo, 13 de junio de 2021

Superar la velocidad del sonido. Rompiendo barreras.

 ¿POR QUÉ CUANDO UN AVIÓN SUPERA LA VELOCIDAD DEL SONIDO LE SALE UNA NUBE ALREDEDOR?

Los fuselajes de los aviones están sometidos a grandes tensiones cuando alcanzan velocidades supersónicas y esto es porque se mueven más rápido de lo que el aire es capaz de apartarse frente a ellos. Es decir, que pasan de moverse a través del aire a viajar contra el aire. A lo mejor resulta difícil de visualizar, pero el siguiente ejemplo lo dejará claro como el agua.



Todos (o casi todos) sabemos tirarnos de cabeza a la piscina, ¿verdad? Nos abrimos paso con gracilidad a través de ella con los brazos y nuestros cuerpos siguen la trayectoria sin problema mientras sentimos el agua circulando a nuestro alrededor. Eso es el equivalente a lo que experimenta (más o menos) un avión durante el vuelo por debajo de la velocidad del sonido.
Por otro lado, probablemente hayan sentido también la quemazón de un planchazo al impactar planos contra la superficie del agua. Ahora imaginen un planchazo contra el agua pero, en vez de quedar flotando doloridos, siguen sumergiéndose en el agua en la misma posición y con la misma fuerza durante kilómetros y kilómetros. El agua detrás de ti ya no fluye tranquilamente a tu alrededor, sino que se forma una estela de aire a tu espalda que queda atrapada por la corriente de líquido. Un planchazo infinito hacia las profundidades del mar: esa es la fuerza a la que está sometido un cuerpo a velocidades supersónicas (aunque con aire en vez de agua).
Los fuselajes de los aviones supersónicos tienen formas muy aerodinámicas precisamente para minimizar la fuerza de este «planchazo» contra el aire.
¿Y qué tiene que ver esto con la famosa nube?
A velocidades subsónicas, un objeto desplaza el aire que tiene delante y éste se acumula detrás formando una «estela» de aire perturbado por el movimiento. Es decir, el aire se comprime un poco frente al objeto y, al desplazarse hacia atrás, vuelve a expandirse y rellena el lugar que ocupaba antes el objeto.
A velocidades supersónicas, en cambio, el aire se acumula tanto frente al objeto que se comprime y no sale propulsado en cantidad suficiente alrededor del contorno del cuerpo como para rellenar el hueco que queda vacío detrás, así que el cuerpo va dejando en su estela un volumen con muy poco gas y, por tanto, a muy baja presión.
Efectivamente. Las cosas a altas presiones tienden a calentarse y las que están a baja presión, a enfriarse.
En este caso, como se ha comentado antes, el objeto se mueve tan rápido que el aire se comprime frente a él, lo que provoca un aumento de la temperatura de éste. Este es el mismo efecto que calienta un meteorito al chocar contra la atmósfera, y no la fricción cómo solemos pensar.
Detrás del avión, por tanto, no queda aire que rellene el hueco que éste va dejando en la atmósfera y la presión baja lo suficiente como para enfriar el vapor de agua que se encuentra en el aire de manera natural y provocar su condensación (de gas a líquido), formando pequeñas nubes.
¿Y qué pasaría si un ser humano viajara a la velocidad del sonido?
Depende.
Félix Baumgartner, con su traje especialmente diseñado para no congelarse, saltó a 39 kilómetros por encima del suelo y llegó a la velocidad del sonido después de 30 kilómetros. La densidad del aire a esa altura es tan baja que los frentes de altas y bajas presiones creadas por su cuerpo durante la caída no podían generar fuerzas potencialmente dañinas.
El único caso conocido de exposición repentina sin protección a una corriente de aire supersónica es el del Capitán Brian Udell, un piloto de F-15E americano que eyectó su asiento a 1.248 kilómetros por hora porque su avión estaba cayendo en picado. Su compañero de vuelo murió en el acto, y él cayó al mar sobre su asiento en un paracaídas.
Udell sobrevivió, pero durante la eyección su casco y máscara de oxígeno salieron despedidos, igual que sus auriculares. No sólo eso, sino que sus bolsillos, con las cremalleras aún subidas, habían reventado. Por si fuera poco, incluso los cordones de sus zapatos se habían hundido en el cuero de las botas… Pero eso no era lo peor.
Una vez en el agua, insensibilizado por el frío, fue dándose cuenta poco a poco de los daños que había provocado en su cuerpo el repentino impacto de su cuerpo desprotegido contra el aire. Cuando intentó meterse en el bote salvavidas que desplegaba el asiento eyectable, notó que tenía un brazo y una rodilla dislocados (además de los tendones hechos un desastre) y un tobillo roto. Tras subir a flote utilizando sólo una mano e intentar hinchar los compartimentos secundarios del bote salvavidas, sintió que ni siquiera podía cerrar los labios alrededor de la boquilla por lo deformados que los tenía. Lo mismo pasaba con el resto de su cara, deformada e inflamada porque le habían reventado las venas subcutáneas. Cuando fue rescatado y llevado a un hospital, descubrió además que tenía una costilla rota y una brecha en la piel de punta a punta del pecho. La parte trasera de uno de sus muslos también había sido rasgada por la presión.
Si les parece que estas heridas tampoco son tan graves, recordamos que su compañero murió en el acto debido al impacto con el aire a alta velocidad. Nada más, sólo aire.
Fuente: facebok
Referencias: ciencias de sofa.com
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